John Calvert, el mago en activo más viejo del mundo

Fuente: www.elmundo.es

Nació en 1911, cuando el Titanic todavía no se había hundido y el mundo no tenía las cicatrices de dos guerras mundiales. Su nombre es John Calvert y aunque en España pasa desapercibido, es uno de los grandes precursores de la magia en Estados Unidos, además del mago más viejo del mundo.

A sus 99 años (cumplidos el pasado 5 de agosto), Calvert no se ha resignado a abandonar su gran pasión: la magia, que según él es "lo que le mantiene vivo", y por eso estos días aguanta como un chaval de 20 años las maratonianas sesiones del XXX Congreso Nacional de Magia que se está celebrando en A Coruña.

En el casi siglo que ha vivido tiene muchas anécdotas que contar. Lo hace despacio porque es un poco duro de oído y a veces necesita la ayuda de Tammy, que empezó siendo su asistente en los espectáculos y acabó convirtiéndose en su compañera en la vida. Por lo demás, Calvert goza de una salud envidiable y una memoria de elefante. Se define a sí mismo como un ilusionista clásico, de los que hacen grandes puestas en escena, como serrar a una persona por la mitad, y otro par de trucos que seguramente esconda bajo la manga. Lleva un bigotito nevado sobre el labio, los dedos ensortijados hasta la exageración y, por su vestimenta, es fácil adivinar a qué se dedica.

Cary Grant y Orson Welles eran magos

Decidió que quería ser mago a los ocho años, cuando su padre le llevó a ver un espectáculo de Howard Thurston en Cincinnati (Ohio). Después de aquello, Calvert no tardó mucho en realizar su primer truco: hizo aparecer el huevo que llevaba en su bolsillo bajo el abrigo de uno de sus compañeros de clase. Fue el primero de muchos otros que iría aprendiendo con el tiempo, hasta convertirse en un referente mundial de la magia.

En sus 99 años de vida, ha rodado más de 40 largometrajes con la Paramount Pictures, y se ha codeado con algunas de las grandes leyendas del espectáculo. Trabó amistad con Charles Chaplin, Cary Grant ("que sabía magia"), Errol Flynn, Paul Newman y Orson Welles, a quien confiesa haberle enseñado "algunos trucos, aunque él ya era mago".

También ha recorrido prácticamente todo el mundo a borde de uno de sus yates (tiene tres) y fue el primer mago en trasladar su equipo y atrezo en avión gracias a que tiene la licencia de piloto y posee flota propia. "De hecho, en el vuelo de Madrid a A Coruña, la tripulación le invitó a la cabina de mandos", afirma Tammy, mujer.

¡Piratas!

Son mil las anécdotas que puede contar de sus múltiples viajes, aunque, si le preguntas, siempre se queda con dos. La primera, cuando fue invitado, en 1958, "a realizar un espectáculo en Taiwan para los soldados del Ejército de Estados Unidos. Cada vez que hacía un número, me ponían una medalla en señal de agradecimiento, así que acabé siendo el americano más condecorado de Taiwan", comenta.

La segunda fue ya en pleno Pacífico, a la altura del estrecho de Formosa, cuando casi les atacan los piratas. Las Fuerzas Aéreas estadounidenses, para las que había estado actuando previamente, le habían dado unos fuegos artificiales y algunos consejos sobre lo que debía hacer si se encontraban con ellos, porque "mataban a la tripulación, cogían todo lo que podían y se iban". "Estábamos navegando y de repente uno de los oficiales se acercó a mí y me dijo: capitán, se acerca a nosotros un barco muy extraño. Puede que sean dos".

Calvert cogió un telescopio y confirmó que, efectivamente, "había dos barcos que se dirigían hacia nosotros, uno detrás de otro". Dio entonces la orden de navegar a máxima velocidad en dirección recta mientras hacían estallar los fuegos artificiales. "Creo que pensaron que éramos un barco de guerra porque acabaron apartándose, uno a la izquierda, otro a la derecha, y nuestro barco pasó por el centro de las dos embarcaciones", se carcajea.

‘No me gusta Obama’

Otra de las peculiaridades de haber vivido casi un siglo es haber presenciado los cambios por los que atraviesa tu país. Aunque a Calvert no parecen gustarle demasiado los que implican a su amado Estados Unidos. Se muestra obsesionado por la situación política, y no se muerde la lengua al declarar que no le agrada en absoluto Obama, a quien considera uno de los peores presidentes de la historia de su país. "No porque sea negro", puntualiza, por si hay un error de juicio, sino porque "se relaciona demasiado con los musulmanes" y eso, tras lo ocurrido en el 11-S y las revueltas actuales, es un asunto muy delicado. Para él, el mejor presidente de los Estados Unidos ha sido Ronald Reagan, "por su honestidad y gran sentido del humor" y porque "nunca tuvimos una guerra mientras él fue presidente".

Dejando la política a un lado, Calvert también tiene una opinión muy marcada sobre los magos actuales, sobre todos los que han convertido la magia en un gran espectáculo mediático. David Copperfield, David Blaine, Criss Angel… "¿Esos? Esos no son magos", afirma con contundencia. "Quieren salir en la televisión tantas veces como puedan, pero eso no es magia. Lo único que les importa es compartir cama con tres, cuatro, cinco señoritas… Las que puedan".

La fuente de la eterna juventud

Él, que a estas alturas de su vida ya se puede considerar un ilusionista clásico, es más partidario de la vieja escuela y los trucos heredados de los grandes magos, como Harry Houdini o Howard Thurston, y aunque tenga bajo la manga números capaces de impresionar a cualquiera, afirma que la gente todavía se sorprende "cuando hago algo tan simple como el truco del pañuelito danzarín".

Y quizá en esta sencillez se encuentre el secreto de John Calvert para hacer que su interlocutor se olvide de la edad que lleva sobre sus espaldas. ¿Cuál es el secreto? ¿Dónde está el truco de su longevidad? "Si no tuviera un objetivo en la vida no podría haber llegado a los 99 años", confiesa. Y luego cita a Shakespeare, algo que también hace a menudo: "Él decía que el mundo es un gran escenario. Pues, bien, yo me levanto cada mañana pensando que estoy en un escenario y me digo a mí mismo: hoy vas a interpretar el papel de un hombre joven y lo vas a hacer durante todo el día".

Nada de piedras filosofales, tónicos o fuentes de la eterna juventud. Aquí no hay trampa ni cartón, solamente positivismo en estado puro: "Ese es el mejor de los trucos".

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