Jorge Blass: ´La magia se parece a la política pero nosotros ´engañamos´ con un buen fin´

Fuente: www.levante-emv.com

Jorge Blass (Madrid, 1980) aprendió magia casi a la vez que caligrafía. Mediático gracias a la televisión y avalado por los premios (entre otros, la Varita de Oro) presenta, del 21 al 23 de mayo, su espectáculo en el Ateneo de Valencia. Luego partirá hacia la Expo de Shanghai.

¿Qué resulta mágico para un mago?

Todo lo que nos rodea. Yo me inspiro en todo, un anuncio, algo que ocurre… Todo es mágico, lo que falta es descubrirlo.

Dice que su espectáculo es interactivo, ¿es que cualquiera puede hacer magia?

Todos podemos ser magos y en el espectáculo se demuestra. No para ser profesionales pero todos tenemos un poquito de magia, hay que buscar el resorte que la hace salir.

¿Perdemos la capacidad de ilusión cuando dejamos de creer en los Reyes Magos?

Es un shock. Pero descubres otras cosas. Pierdes la inocencia, pero nunca es tarde para volver al buen camino. Los magos, a los escépticos, les hacemos desaparecer enseguida.

¿Harry Potter les ha puesto de moda?

Si, ha ayudado a popularizar la magia, aunque es más ficción. Hay un boom de magos en el cine y todo ayuda a que el arte de la magia deje de ser un desconocido. Es que es un espectáculo para toda la familia, que gusta tanto a un niño de 5 años como a su abuelo de 95.

Usted tiene algo de Potter. Fue un mago niño y pasó por una escuela de magia.

Empecé a descubrir la magia a los seis o siete años y a los 12 estaba en la escuela (de Juan Tamariz). Allí era el benjamín. Tuve una infancia y una adolescencia mágicas.

¿La magia ha cambiado?

Sí ha cambiado. Nuestra labor es innovar, crear cosas nuevas. Los juegos de siempre gustan, pero es necesaria la sorpresa. En la sociedad en que vivimos, con tanta información, el reto es sorprender, impactar.

Usted no usa frac, ni varita ni chistera.

Yo utilizo las nuevas tecnologías, teléfonos móviles o iPods, y llevo vaqueros. Es una magia más cercana. Aunque también buscamos clásicos, pero desconocidos. Para Valencia hemos reconstruido en primicia el número del naranjo de Robert Houdin, que sale en El Ilusionista, un truco que tiene 150 años.

¿El público intenta descubrir el truco?

Siempre hay quien lo intenta. Que vengan.

Y para usted, ¿no pierde toda la gracia?

Hay otras cosas, la presentación, la puesta en escena… En Las Vegas he visto números conocidos pero presentados de forma que resultaba novedoso, distinto. Y tú tienes la capacidad de ilusionar a otros.

¿No tiene mucho de psicología?

Sí, mucho. Al final, el truco no es lo más importante. Tienes que conducir a la persona, que recuerde lo que tú quieres que recuerde, que vea lo que tú quieres que vea. Este es un arte, al revés que la música o la pintura, en el que la técnica queda oculta.

Pues se parece a la política…

Tiene mucha similitud, con la política y con el marketing. La diferencia es que nosotros lo hacemos con un buen fin y no vendemos.

Su especialidad es la manipulación. Tampoco suena muy bien.

O prestidigitación. Hacer aparecer cosas sólo con las manos.

¿Usted es de decir palabras mágicas?

Yo soy más de polvos.

¿A quién haría desaparecer?

A la gente que nos ha metido en la crisis.

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