Científicos estudian cómo los magos y carteristas engañan a los sentidos

Fuente: www.adn.es

¿Qué mejor que observar a un mago o a un carterista para comprender cómo se puede engañar a los sentidos? Eso piensan en el laboratorio de Neurofisiología del Comportamiento del Barrow Institute de Phoenix (EEUU), donde han invitado a estos profesionales de las manos a mostrar cómo driblar a la percepción.

El director de este centro, Stephen Macknik, que ha participado en Barcelona en el ciclo "Abracadabra. Ilusionismo y ciencia", organizado por CosmoCaixa, ha explicado a EFE que los magos, al igual que los carteristas, se sirven de los fallos del cerebro, que generan así una nueva realidad con la información que reciben.

"Manipulan nuestra atención de una forma altamente cognitiva. No utilizan técnicas obvias, en muchos casos son muy sutiles y hacen sus trucos de una forma mucho más eficaz que los científicos en el laboratorio", señala Macknik, empeñado en delimitar en el cerebro las áreas de la consciencia.

Prestidigitadores y trileros han depurado sus técnicas "generación a generación", apunta Macknik, y siempre les funciona, aunque uno esté predispuesto a evitarlo. "Queremos saber cómo lo hacen", explica este neurofisiólogo que, de repente, en mitad de la entrevista, señala con su dedo hacia un punto, lo que obliga a su interlocutor a mirar. Allí no hay nada, simplemente ha logrado dirigir la mirada del incauto periodista. Un truco muy simple que le hace reír.

Un caso similar de ilusiones son las que Apollo Robins, un "mago carterista" que ha colaborado con el equipo de Phoenix, y que durante sus trucos mueve una mano de forma curva, sobre una línea recta imaginaria, para dirigir la atención de forma diferencial.

"Intentamos saber si consigue manipular con este tipo de movimientos y controlar las miradas de sus víctimas; si lo logramos sería un descubrimiento científico", indica sobre los experimentos de los magos, profesionales que considera "intelectuales" por dedicarse a estudiar el comportamiento humano con sus trucos, unas "investigaciones sistemáticas".

El cerebro tiene reacciones inconscientes, sobre todo ante los estímulos visuales, unas "ilusiones legítimas", ya sea por el uso de la luz o de movimientos, que funcionan como un autoengaño, y que a veces hacen que un testigo crea ver algo que realmente no ocurrió.

Unos abogados se pusieron en contacto con Macknik para que les asesorara en el caso de un hombre que disparó a otro en una cacería porque dijo que lo había confundido con un oso. El argumento de la defensa era que no fue culpa del cazador, ya que éste había "percibido" realmente un oso, aunque quien recibió el tiro portaba una ropa difícil de confundir con un animal.

Macknik, que no era aficionado a la magia antes de comenzar estos estudios, reconoce que lo más sorprendente que ha visto hacer a un mago fue al español Juan Tamariz: "Logró que unas cartas se cambiasen del bolsillo de una persona al de otra, en lados opuestos del escenario y que no se acercaron, y sin que el mago diera la sensación que les tocara. Increíble".

Mientras que la vista es un sentido más voluble -"todo lo que vemos, de alguna manera es diferente de la realidad", dice- el olfato es para este científico el más fiable, donde hay menos ilusión.

"Lo que huele es lo que hay", sostiene, aunque el hombre cada vez lo utilice menos, por lo que a Macknik no le extrañaría que acabase perdiéndose con la evolución.

Niega que haya sentidos más atribuibles al hombre o la mujer, aunque recuerda que una vez su esposa, en los primeros meses de embarazo, asistió con él a una sesión de magia, en la que un gran maestro realizó un truco conocido como el "limón amargo".

En éste, un espectador coge un naipe, lo firma y lo introduce en el montón. Tras unas rutinas de mano, el mago enseña un pañuelo que esconde un limón. El mismo espectador lo corta con un cuchillo y en su interior está la carta.

Mientras todo el público, entre los que había muchos magos, aplaudían impresionados, la mujer de Macknik, también neurocientífica, dijo que había sido un "truco horrible".

Las náuseas del embarazo hicieron que el mago no pudiera dirigir la atención de la mujer hacia el pañuelo, con sus gestos y miradas, y ésta casi sin prestar atención vio cómo con la otra mano estaba introduciendo el limón bajo el mismo. Un truco demasiado obvio para la consciencia de una embarazada.

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