Juan Tamariz “Yo también tengo un lado oscuro”

Fuente: www.adn.es

El considerado mejor mago del mundo recoge sus trucos más geniales en el espectáculo ‘Magia potagia’

Con una chistera violeta, una baraja en el bolsillo de los vaqueros y su particular violín. Así aparece Juan Tamariz (Madrid, 1942), divertido e ingenioso. Y demostrando por qué se le considera el mejor mago del mundo. En su espectáculo Magia potagia, que ahora recala en el Teatre Poliorama de Barcelona, Tamariz acierta el naipe que alguien piensa en cualquier parte del mundo o dibuja con telepatía en una pizarra. Es magia.

Dicen que usted es el mejor mago del mundo…

Es una mentira gordísima. En arte no hay ni mejor ni peor, se trata de emocionar. Muchos me lo dicen por cariño, y es muy bonito que lo hagan porque significa que disfrutan cuando ven lo que hago.

Lo suyo empezó con una caja de magia que le trajeron los Reyes hace ya mucho tiempo.

Tenía cinco o seis años y ahora tengo 67, imagínate si hace. Desde niño me apasiona y disfruto con la magia. Es muy directa, no hay intermediarios culturales que digan qué es bueno o malo. Y llega a un niño de cinco años y a un hombre de 90, a un campesino poco culto y a un sabio bioquímico. La magia es para todos.

Es un mago vocacional, pero estudió Físicas y Cine.

Todo tiene su explicación. Lo que más me gustaba era la magia, pero no cómo se hacía: actuar en salas de fiesta y vivir en un país distinto cada tres meses. Decidí estudiar Cine, un hijo natural de la magia. Pero no pude acabarla carrera por razones políticas de la época.

¿Podríamos vivir sin magos?

Podríamos vivir sin todo menos oxígeno. Pero el mundo sería muy triste si hubiera más banqueros y menos magos.

Además de la magia, ¿con qué disfruta?

Con las personas. Me encanta estar con la gente, hablar, sentir la relación con los de- más. Tengo una especie de lema: Amor, libertad, humor, magia y amor otra vez.

Puede pasarse varios años preparando uno de sus juegos. Pero, ¿en qué invierte el resto de su tiempo?

La música es mi gran pasión, sobre todo la clásica, el flamenco y el jazz. Y me entusiasma todo lo que es arte. Al primer sitio que voy cuando viajo es aun museo. Hace unos días vi la exposición Lágrimas de Eros en el Museo Thyssen de Madrid; os la recomiendo.

¿Y el fútbol?

Me gusta. Soy del Madrid porque cuando era chiquitillo el Madrid de Di Stefano lo ganaba todo. Pero no soy forofo, no voy nunca al campo. De hecho, si el Madrid juega mal quiero que gane el otro equipo.

¿Es usted así de alegre y dicharachero o esto es parte del personaje?

No es un personaje, pero tampoco es toda la verdad. A veces refunfuño, protesto, soy estúpido y estoy triste y dramáticamente mal, porque la vida puede ser muy dura. Yo también tengo un lado oscuro, pero en el escenario procuro mostrar mi parte alegre y no ponerme a contar mis desgracias.

Y es muy noctámbulo. Se va a dormir cuando la mayoría se levanta. ¿Por qué?

Es un gen que tengo, igual que mi madre y mi hija. Yo no vivo al revés del mundo, vivo como hay que vivir. Los que se levantan tan pronto están locos.

¿Y usted no tendría un truco mágico contra la crisis?

Viajo mucho y compruebo que en algunos países la crisis es permanente. La única solución es revolverlo todo, y no lo puedo hacer con magia. Sólo puedo ilusionar ala gente para que proteste contra los trucos malévolos de los financieros.

¿A quién haría desaparecer? ¿Y reaparecer?

Mandaría lejos a los culpables de estas crisis, que manejan la política y los hilos económicos. Me encantaría ver aquí a los griegos, a Sócrates o a Platón.

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