Una despedida mágica

Fuente: www.noticiasdealava.com

Magialdia se despidió ayer de Vitoria. El festival de magia congregó, pese a la lluvia, a cientos de personas en sus últimas actuaciones en el centro de la ciudad. Esta XXI edición ha vuelto a convertir las calles de la capital en un escenario de lo imposible

Un año más, Magialdia volvió a dejar con la boca abierta a los vitorianos. El festival de magia ha acercado -nunca mejor dicho- el misterio, el humor y el asombro a la capital alavesa, puesto que el santo y seña de este evento es abrir las puertas al público organizando espectáculos a pie de calle. Una apuesta que, en tiempos de crisis, afianza su razón de ser. Pese a la lluvia, la despedida del verano y la caída de las temperaturas, el festival de magia llenó las calles de público, fantasía y buen ambiente. El truco sigue funcionando como el primer día y ahora sólo falta por confirmar si la vigésimo primera edición de este evento ha superado los récords de público del año pasado, cuando logró congregar a 30.000 espectadores. La climatología, sin duda, se lo ha puesto difícil.

Ayer, tras las decenas de espectáculos, cientos de guiños y miles de aplausos que se han sucedido desde el pasado día 14, llegó el momento de la despedida. Del tachán final. Y la lluvia, omnipresente por desgracia a lo largo de esta semana de espectáculo, volvió a actuar durante el festival. Las condiciones meteorológicas sin duda han convertido en un reto muchas de las sesiones de esta edición del Magialdia. Pero volver a convertirse en un referente de la ciudad es, sin duda, el mejor número de estos magos.

Las nubes, en cualquier caso, fueron un obstáculo que no hizo sino agrandar la leyenda de este festival. Las actuaciones finales se desarrollaron bajo un xirimiri impertinente y constante, con un público resguardado bajo los paraguas y algo dormido por el frío, y superando algún que otro problema de sonido. Pero, pese a todo, cientos de personas -sobre todo familias, parejas y gente joven- volvieron a ser atraídas por el embrujo de los magos. A partir de las 18.30 horas, por ejemplo, la plaza de la Virgen Blanca se fue llenando progresivamente de público que, atraído por la música y las constantes invitaciones de los artistas, olvidó por unos segundos que “el día está de lo más desagradable”, como comentó una señora mayor entre el público. Sin embargo, los más perezosos en llegar al final tuvieron que ponerse de puntillas en las últimas filas para ver algo, donde era más difícil responder a la pregunta más habitual entre los asistentes: “¿Cómo lo hace?”.

Este comentario se realizó ante malabarismos con chisteras, adivinaciones con los ojos vendados o pañuelos voladores. Los elementos más comunes se convirtieron en sobrenaturales durante las actuaciones, respectivamente, de Radagast, Mr. Daba y Cielo, y Pedro Volta. Los magos consiguieron calentar el ambiente y preparar a los ciudadanos para el espectáculo final, el número que los alemanes Topas&Roxane pusieron en escena a lo grande en la Plaza de España.

Esta última función fue un reflejo del estilo Las Vegas que ha caracterizado esta edición de Magialdia. El programa ha dado cabida este año a figuras como Morrison el Magnífico -Wild West en plena Vitoria-, Donald B. Lehn -encargado de los espectáculos para los más pequeños-, Dirk Losander, Mago Barruti -que actuó junto al metro ligero-, Aldo Colombini… Nombres que quizá olvidará el común de los mortales que, sin embargo, a buen seguro rememorarán aquel número que vieron un día ahí mismo, en un bar, en el escaparate de una tienda de camas o en la misma Virgen Blanca. Porque quizá pocos identifiquen ya a Joahn Lorbeer, pero sí recordarán a aquel artista germano que en 2008 se sostuvo en el aire, con una mano apoyada sobre la pared, en el centro de Vitoria.

un reto difícil El año pasado dejó unas sensaciones casi inmejorables. El festival, tras dos décadas de trabajo -algo que no se consigue precisamente por arte de magia-, empezó a recoger los frutos de su esfuerzo. A nivel local, por ejemplo, con el nombramiento del representante de los magos gasteiztarras, Patxi Viribay, como pregonero de las fiestas de la Blanca 2009. Y, de forma internacional, con el reconocimiento de Gasteiz como capital europea de la magia, una distinción -de la que ha hecho buena gala Magialdia durante los actos de este año- otorgada por la prestigiosa revista Magic Magazine , un referente en el mundo del ilusionismo.

El festival, sin embargo, no ha bajado los brazos. La Asociación de Ilusionistas de Álava prometió que “la ciudad entera va a levitar y a merecerse, flotando mientras convierte ilusiones en experiencias, en recuerdos inolvidables, en momentos de inconfundible felicidad”. Magialdia, como caracteriza al ilusionismo, buscó este año ponerse a prueba. De nuevo. Las cifras hablan por sí solas: once días de espectáculos, más de 40 artistas de doce países diferentes, así como otros 400 expertos que se acercaron a la ciudad -no hay que olvidar que el festival también funciona como un congreso de expertos-, 62 números, 38 escenarios y, en definitiva, 54 horas de auténtica magia.

El festival ha sabido mantener sus bases e incorporar mejoras. Entre sus clásicos, cabe destacar de nuevo el éxito de la colocación de una pantalla gigante en la plaza de la Virgen Blanca. Las proyecciones se convirtieron en el mejor anuncio de que el día a día de la ciudad era diferente. Tampoco han faltado la visita a los niños ingresados en el Hospital de Txagorritxu, la gala de magia infantil en Dendaraba, los espectáculos de magia sin avisar que han pillado por sorpresa a los transeúntes o el espectáculo Magia de Cerca en el Palacio Europa.

Otros de los elementos arraigados en el programa han sido los escaparates mágicos. Esta actividad es, precisamente, una de los más características de Magialdia. Así, el festival ha vuelto a pegar las caras de los vitorianos a los cristales al convertir lugares tan comunes como la Oficina de Turismo en un teatro para viandantes.

las nuevas apuestas Magialdia, además, también se había guardado varias novedades en la manga para este año. Una de las más curiosas, por ejemplo, ha sido ver cómo los magos aprovechaban los nuevos elementos de la ciudad para sus actuaciones, como las paradas del tranvía. El festival ha cambiado el autobús urbano por el metro ligero -quizá concienciados por el Plan de Movilidad-, por lo que ha habido números que se han desarrollado junto a las estaciones de Angulema y Parlamento. Una bonita estampa.

Otra de las apuestas ha consistido en implementar las actividades para los más pequeños, por lo que se ha desarrollado un taller infantil de iniciación a la magia y se han duplicado las sesiones de magia para escolares, que han disfrutado como pocas veces. La función, de hecho, continúa para ellos desde hoy hasta este jueves, puesto que la Magia Casual seguirá celebrándose en los colegios acordados -la previsión era actuar ante 3.300 escolares- a las 10.00 y a las 11.00 horas. Una nueva oportunidad para que Vitoria siga sin perder su magia.

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