El cerebro de la magia

Fuente: www.elcorreodigital.com

Jim Steinmeyer, el mayor creador de ilusiones del mundo, estará presente en el Magialdia
Uno de los hitos de la magia moderna se produjo en 1983, cuando David Copperfield hizo desaparecer la Estatua de la Libertad en un programa en directo de la televisión. Casi treinta años después, el sistema empleado para realizar ese espectáculo es un misterio, un Grial que nadie ha sido capaz de encontrar. Jim Steinmeyer, que esta semana estará en Vitoria como conferenciante del festival Magialdia, es uno de los pocos que conoce la verdad.
Steinmeyer (Illinois, 1951) es conocido en el mundo de la magia como ‘el hombre invisible’. El apodo hace justicia a su trabajo. Los mejores magos del mundo le contratan para que diseñe espectáculo. Su mente creativa está detrás de muchas de las atracciones de Walt Disney. En Broadway, si Mary Poppins llega volando al escenario es gracias a Steinmeyer. Y él hizo desaparecer la Estatua de la Libertad, aunque en la pantalla sólo apareciera David Copperfield. Nunca se le ve, pero él es la clave para que la magia ocurra.

«La idea de hacer desaparecer la Estatua de la libertad pretendía aprovechar las ventajas de la televisión, algo que también nos estimulaba a buscar ideas nuevas y cada vez más grandes», asegura Steinmeyer en una entrevista concedida a EL CORREO. «Realmente, es una ilusión que sólo se puede realizar en televisión, porque una cámara puede mostrar al mago en primer plano y la estatua detrás. Se trata de un efecto que nunca se podría realizar delante de un teatro lleno de público. Sólo funciona ante las cámaras», explica.
¿Cómo una persona llega a convertirse en un arquitecto de sueños para magos? Steinmeyer comenzó de niño, jugando con una manoseada baraja. «Yo hacía algunos juegos con cartas mientras estaba en la escuela. Lo bueno de la magia, en este sentido, es que puede ser un ‘hobby’ pero también una profesión. Luego conocí a algunos magos y eso me permitió desarrollar algún material para sus actuaciones. Me di cuenta de que yo disfrutaba más detrás del escenario, trabajando con el talento de los prestidigitadores, que actuando delante del público».
Steinmeyer, que estudió Comunicaciones en la Universidad de Loyola, en Chicago, descubrió que la auténtica magia se escondía detrás del telón. A principios de los 80 trabajó con uno de los mayores genios creativos del siglo XX, Orson Welles. El creador de ‘Ciudadano Kane’ había sido un mago profesional y en la Segunda Guerra Mundial llegó a actuar junto con Marlene Dietrich en los espectáculos que buscaban divertir a las tropas. Al final de su carrera, Welles trabajaba como mago en espectáculos en Las Vegas así como en programas de televisión.
«Orson tenía un gran talento como mago», recuerda Steinmeyer. «El realmente pensaba como un ilusionista y era muy ingenioso». En cierta forma, la obra que catapultó al primer plano mundial a Welles fue una gran ilusión. En 1938, su retransmisión de ‘La guerra de los mundos’ para la emisora de radio de la CBS provocó una oleada de terror, en la que miles de ciudadanos no dudaron en creer que se enfrentaban a una invasión extraterrestre. El evento demostró el poder que estaban adquiriendo los medios de comunicación, pero también una maestría en hacer pasar por real lo irreal: la esencia de la magia. Para Steinmeyer, sin embargo, aquella retransmisión no tiene nada que ver con el ilusionismo. «Si lo piensas bien, sólo se trata de una broma pesada, de un chiste».
En los 80, la carrera de Steinmeyer ya estaba en marcha. Entonces entró en contacto con una extraña secta: ‘The Imagineers’ (Los imaginadores). Este es el nombre del grupo que desde los años 50 había formado el núcleo de asesores de Walt Disney. Eran los hombres que habían creado todos los sueños de Disneylandia, desde las películas a los parques temáticos y las tiendas de recuerdos.
Steinmeyer trabajó con Rolly Crump, uno de los creadores, por ejemplo, de la Mansión Encantada. «Fui muy afortunado de trabajar con Rolly. El era uno de los ‘imagineers’ originales y me reveló todos los experimentos que llevaron a la creación de la Mansión Encantada. Fue una gran escuela». Sin embargo, el recuerdo de Steinmeyer de la factoría de Mickey Mouse y el Pato Donald no es el de un paseo agradable. «Los diseñadores de Disney tienen un talento asombroso pero puede ser una compañía muy frustrante. Sus proyectos son muy lentos y premeditados. No debemos olvidar que se trata de una gran corporación. Creo que muy pocos artistas soportan ese trabajo sin sentirse defraudados».
La mujer a serrada
En los 90, Steinmeyer desarrolló algunos de los efectos que han marcado la historia secreta del ilusionismo. Consiguió representar el hombre invisible de H.G. Wells en un escenario de teatro, de tal forma que los espectadores pudieran ver cómo el cuerpo se desvanecía y cómo, al final de la obra, se volvía a recomponer comenzando por el sistema nervioso, después las venas y arterias y finalmente la piel. Todo ello en las propias narices del público. En Broadway, musicales como ‘La Bella y la Bestia’ se basaban en su magia. «Esos espectáculos», afirma, «son los más difíciles para un creador de ilusiones. Se trata de buscar un efecto que encaje perfectamente en la narración que están viendo los espectadores y que, al mismo tiempo, no suponga una distracción con respecto a la historia. Y, además, no hay magos que lo puedan llevar a cabo, porque sobre el escenario sólo hay bailarines o cantantes».
Steinmeyer también creó en esos años algunas máquinas empleadas en espectáculos de magia que se pueden ver hoy en día en todo tipo de espectáculos como el ‘Origami’, el ‘Arte Moderno’ o nuevas formas de hacer aparecer fantasmas en lugares imposibles, sistemas que son utilizados por Disney. El ilusionista, que además es historiador de la magia, llevó el clásico efecto de la mujer aserrada por la mitad a niveles que nunca se habían alcanzado. Uno de sus números, por ejemplo, sustituye a la mujer por un caballo en un retorcido más difícil todavía. Y Steinmeyer sigue estudiando este efecto, que ya era un clásico a finales del siglo XIX. «¿Que por qué sigue siendo atractivo este número para el público? Supongo que porque es muy fuerte y porque se basa en una idea muy simple».
Uno de los secretos de la creatividad de Steinmeyer se encuentra en su forma de trabajar y en dejar que el tiempo madure los sueños que burbujean en su cerebro. «Yo prefiero las ideas lentas. Odio las situaciones en las que tengo que resolver un problema en una hora o dos, algo que lamentablemente me ha pasado muchas veces. Me encanta tener mucho tiempo para explorar nuevas posibilidades, para darle miles de vuelta a un asunto. El mejor resultado se consigue con las ideas lentas», sentencia. Y el segundo secreto de Steinmeyer es fijarse en quién va a encarnar su sueños sobre un escenario. «La clave está en qué mago me ha contratado. Es como escribir una canción para Frank Sinatra o Pavarotti. Puedes compenetrarte con la fortaleza de su voz y su talento. Entonces, el efecto surge él solo».

Explore posts in the same categories: Noticias

A %d blogueros les gusta esto: