Tihany: “Este circo es mi ilusión de toda la vida”

Fuente: www.laverdad.com

Las páginas de un periódico no alcanzarían para contar todo lo que ha sido su vida. A sus 93 años, Franz Czeisler Tihany tiene más historias de las que cualquiera puede tener. Con el circo que lleva su nombre ha recorrido el mundo durante 50 años y ha enfrentado situaciones difíciles a las que ha sabido ganarle la partida. Nació en Rumania. Tenía seis años cuando vio actuar a un mago por primera vez y esa imagen se le metió en el pecho y en la mente. Desde entonces escribió su futuro: “Ser un gran mago”. La primera vez que estuvo en Maracaibo fue hace 40 años. El sábado pasado volvió a Grano de Oro con su carpa llena de fantasías.

La curiosidad y las ganas de ser como los ilusionistas lo hacía imitarlos con pañuelos y con todos los elementos que tenía a su paso. Con sólo 10 años tuvo el valor de fugarse con un circo que había llegado al pueblo donde vivía. “Estando con ellos comencé a vivir más de cerca la magia. Los acompañé pocos días porque mi mamá y mi tío me encontraron en otro pueblo”, relata el hombre de cabello blanco y ojos verdes sentado en uno de los sillones de su oficina. Cuatro años después, aún cursando bachillerato, el arriesgado chico se fue con su tío a Uruguay. Reconoce que, en esa época, no le gustaba la escuela y por eso decidió irse del lado de su madre. Así inició su carrera. En el país sudamericano conoció a Blackman, uno de los magos más reconocidos del mundo. “Aprendí mucho de él. Hacía cosas imposibles”.

El Teatro de Ardigas, en Montevideo, fue su siguiente paso. Allí lo contrataron para limpiar las jaulas y terminó siendo parte del espectáculo. Luego volvió a su casa y contó con el apoyo de su mamá para iniciar solo su negocio en la magia. Para ese entonces tenía 17 años. Con escalera, espadas y otros pocos trucos comenzó su recorrido de pueblo en pueblo. Tragaba fuego, aparecía y desaparecía cosas. Con su “pequeño circo ambulante” comenzó a ganarse la vida.

Venciendo obstáculos

El crecimiento no ha sido fácil. Pasar de ser un mago aprendiz que iba de un pueblo a otro, a ser el dueño de un enorme circo que viaja con cientos de personas de país en país, no lo logró de un día para otro. Para llegar al nivel que ahora tiene su empresa tuvo que pasar por varios inconvenientes. “Una vez se nos quedó el camión donde trasladábamos los elefantes. Íbamos de Colombia a Ecuador. Estuvimos allí todo el día. Los autos que venían detrás no podían pasar y la gente se enfureció. Querían lanzar el camión por la montaña, pero los asustamos con los animales y se fueron”.

Siempre ha creído en la constancia. Con dificultad para hablar en español, el rumano explica que es su visión para hacer “cosas grandes” lo que lo ha conducido al éxito. “He tenido mucha suerte. Aunque hubo una época de muchos problemas, siempre encontramos posibilidades con esfuerzo y con talento. Me desarrollé cada día más. Trabajaba muy fuerte. Quería tener algo que impresionara. Este circo es mi ilusión de toda la vida”. Desde su oficina con aire acondicionado y con varios reconocimientos y fotografías colgadas en la pared, recuerda que antes no tenía las comodidades ni el lujo con el que ahora cuenta su carpa. “Siempre soñaba con ser mejor para que el público me quisiera y para que se sintiera cómodo y satisfecho con mi circo. Así lo he logrado”.

Para él la magia es un arte con el que busca lo infinito para darle ilusión al público. “Somos personas que conseguimos llevar a la gente a un mundo donde las cosas aparecen y desaparecen sin que haya alguna explicación aparente. Pero en realidad no somos magos, sino que hacemos magia con nuestras habilidades”.

Reconoce que sus capacidades en el escenario ya no son las mismas. Por eso a los 80 años decidió retirarse del espectáculo. “La gente quiere ver novedad y juventud. Mi edad ya no me permite darle eso a las personas. Ya no tengo la flexibilidad de antes, pero espiritualmente estoy muy fuerte y eso me permite mantenerme al frente de esta ciudad ambulante que con esfuerzo he creado”. Como todo mago, sabe guardar muy bien sus secretos. Ante la solicitud de mostrar una de las cartas bajo su manga, el artista, de forma pícara y sonriente responde: “¿Sabes guardar secretos?, yo también”. Detrás de esas palabras queda mucha más historia del hombre que al sacar la cuenta de su edad recuerda que en 2016 cumplirá cien años.

Magia y amor

En sus andares, al comienzo de su carrera, Tihany conoció a Ilona, su ya desaparecida esposa, que luego fue su bailarina. “Yo estaba en un pueblo y me tuve que quedar dos días más. Necesitaba a alguien que hiciera algo diferente para que el público no viera siempre lo mismo. Entonces me la presentaron y ella presentó unos números como bailarina. En esos dos días nos enamoramos. Sus padres no querían que ella estuviera con un mago, pero la rebeldía del amor y la juventud se impuso. “Ella decía que se iba a matar si no la dejaban casarse conmigo. Luchamos y logramos lo que queríamos”. Con ella tuvo a su único hijo quien es médico y no se dedica al mundo de la magia.

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