PATXI VIRIBAY. PREGONERO DE LAS FIESTAS DE LA BLANCA

Fuente: www.elcorreodigital.com

«Ser blusa es un trabajo pesadísimo que exige un enorme sacrificio»
El portavoz de los ilusionistas alaveses echará mano del humor y de la magia para invitar a la fiesta

Este año, el pregón de las fiestas de La Blanca será mágico. No podría ser de otra manera si el encargado de pronunciarlo es el ‘culpable’ de que Vitoria se haya forjado un nombre en el mundo del ilusionismo. Tras sacarse de la chistera un festival internacional como Magialdia, Patxi Viribay (Vitoria, 1971) asume en su nombre este reconocimiento y, parafraseando a René Lavand, promete, como siempre, entretener. «El público te puede perdonar un error, pero lo que no perdona es el aburrimiento».
-Enhorabuena por su elección como pregonero. ¿Satisfecho?

-Es un honor enorme. La idea de tomar la palabra para dirigirme a todos los vitorianos y no sólo a los aficionados a la magia, como suele ser habitual, es algo muy emotivo.
-¿Cómo interpreta su designación? ¿Cuestión de mérito, de suerte o… de magia?
-Es un reconocimiento a Magialdia, un acontecimiento cultural con mucha personalidad, de gran reconocimiento internacional y que ha convertido Vitoria en la capital europea de la magia. Yo, por mí mismo, no reúno méritos suficientes para ser pregonero de La Blanca. A mí no me designan por ser el hijo de ‘la Carmen’, sino por ser la cabeza visible de Magialdia.

-¿Qué sacará de la chistera el próximo 2 de agosto?
-Una cosa es lo que uno se imagina y otra lo que la realidad te permite llevar a cabo. Pero la idea es que sea un espectáculo breve, con efectos de magia, con humor, y con la participación directa o indirecta de más magos.
-Y del mensaje, ¿qué puede avanzar?
-Me encantaría poder decir que tengo un mensaje fantástico, pero en eso todavía no he pensado. En cualquier caso, girará en torno a esos mensajes eternos entre personas que se desean lo mejor.
-La mayor parte de las veces hablan sus trucos. Ahora tendrá que hacerlo usted. ¿Se le dará igual de bien?
-No lo sé, la verdad. Desde luego, es una gran responsabilidad porque es tan fácil hacerlo mal… Lo que prometo es hacerlo con mucha honradez porque, como dice René Lavand, uno de los mejores magos del mundo, «el público te puede perdonar un error, pero lo que no te perdona es el aburrimiento».
Celedón, el «icono»
-Fiestas de Vitoria. ¿Qué imagen, sensación o recuerdo le llega instantáneamente a la cabeza?
-Por fuerza, Celedón, que es el icono por excelencia de las fiestas de La Blanca. Y, desde que soy padre, la imaginación me vuela a la calle Dato y a los artistas callejeros.
-Ha mencionado a Celedón. Rememore en alto un Chupinazo.
-El del año 90. Estaba a punto de nacer mi hija mayor -lo hizo quince días después- y fue realmente emotivo.
-Siempre contenido, ¿alguna vez ha vivido las fiestas de cabo a rabo y sin pasar por casa?
-No. De blusa, pude hacer ‘gaupasa’, pero yo no puedo estar dos noches seguidas sin dormir. Todavía más importante que la fiesta es la vida.
-¿Por eso se ‘quitó’ de blusa?
-Digamos que me fui haciendo mayor y perezoso. La gente no se lo imagina, pero ser blusa es un trabajo pesadísimo que exige un enorme sacrificio. Así que enseguida me volví anárquico.
-Para terminar, dígame su truco para disfrutar al máximo de La Blanca.
-Fijar una hora para volver a casa. Si no, pasas tontamente la noche en la calle y te pierdes la fiesta de día.

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