Magia: la sonrisa de un niño

Fuente: www.laopiniondezamora.es

CARMEN FERRERAS.  Hace 15 años, y parece que fue ayer, cuando Paulino Gil, el hombre de las “ideas proactivas”, ideó convertir Zamora en la ciudad de la Magia, con mayúsculas, las mayúsculas del respeto, la admiración y el cariño que nos merece aquella idea suya, y lo ha conseguido. A partir de ayer en Zamora no se habla de otra cosa que no sean las XV Jornadas Internacionales de Magia y de otras personas que no sean Magic Andreu, Arkadio, Jorge Blass, Lennart Green, Rafael Benatar, Helder Guimaraes o Richard McDougall, algunos de los participantes en esta edición. La niña bonita.

Paulino Gil ha logrado conectar con todos los públicos y ha hecho de la magia algo más que un idioma universal. Paulino ha hecho de la magia un idioma solidario. La lleva a los hospitales, la saca a la calle para que todos participen, con la idea de compartir que siempre resulta tan hermosa y, además, le pinta la más bonita de las sonrisas, la sonrisa de un niño. Paulino sabe que la sonrisa de un niño es mágica y que la magia tiene mucho de la sonrisa de un niño.

Por eso, como viene ocurriendo estos últimos años, las Jornadas Internacionales de Magia que tienen sus días, sus momentos y sus espectáculos, se abrían ayer con una gala muy especial, con una gala que Paulino Gil mima sobremanera, me refiero a la Gala “Magia: La sonrisa de un niño”. Las pasadas Navidades, Paulino Gil arrancó muchas sonrisas a los niños hospitalizados en la planta de pediatría del Hospital Virgen de la Concha. Bajo bandera Unicef y de la mano de la doctora Trinidad Casanueva y de Marci González, les regaló una actuación sencilla e inolvidable para todos ellos y para todo el personal de la planta.

La Gala de ayer, que se celebró en el Teatro del Servicio Territorial de Cultura de la Junta de Castilla y León, tenía como destinatarios no sólo a los niños que acudieron a sorprenderse, participar, aplaudir y maravillarse con los prodigios que allí se suceden. La Gala de ayer estaba destinada a los niños cuya causa defiende Unicef, allí en sus países de origen. En los divididos por la guerra, en los asolados por la hambruna y las epidemias, en aquellos donde los derechos de los niños no cuentan y hay que defenderlos con la fuerza de la razón, de la solidaridad, de la generosidad, del esfuerzo y del trabajo de muchos. Son niños que tienen intacta la capacidad necesaria para sonreír, sólo que no hay nada ni nadie que la mueva, que la provoque. Paulino, tenemos que ir, sobre el terreno, a devolver la sonrisa a esos niños.

Lo que aquí se hace por ellos les llega, vaya que les llega, incluso el eco de las risas de los niños de esta parte del mundo más favorecida por la diosa fortuna, pero sería hermoso actuar para ellos que llevan prendido a sus ojitos el asombro, la maravilla, el embeleso, la fascinación, el embebecimiento. Junto al óbolo, la actuación. Un sueño que, quién sabe, a lo mejor logramos hacer realidad antes de que puedan transcurrir otros quince años, que convertirían en una treintañera a estas Jornadas, sólo adolescentes en edad.

Ayer, la sonrisa de un niño se multiplicó por trescientas. Un coro único para los oídos adultos que nos embelesamos con ese sonido tan edificante. Porque los magos se hacen como niños y los invitan a subir al escenario, y juegan, y ríen y se divierten con el divertimento que causa a la grey infantil todo lo que allí acontece que es mucho. Los magos son los protagonistas para los niños y los niños lo son para los magos y en medio de unos y otros, la magia que, como muy bien la ha definido Paulino Gil, es la sonrisa de un niño. Gracias, Paulino. Gracias, magos amigos. La magia sea con vosotros. La solidaridad es con ellos. Con toda la magia, quien mucho os quiere y admira.

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