Los secretos de la magia

Fuente: www.elcomerciodigital.com/gijon

Crear ilusión sobre un escenario ha cambiado de ayer a hoy con las nuevas tecnologías, aunque la clave sigue estando en las mentes de quien engaña y quien quiere ser engañado.

La magia ya no es lo que era. Ahora guarda menos secretos en la mente de unos pocos y es capaz de multiplicar ilusiones, efectos y trucos con un sólo clic en el ratón. Internet ha dado también un vuelco radical a una disciplina artística tan antigua como hermosa y variada que consiste, con o sin tecnologías de por medio, en engañar a quien quiere ser engañado.

La ilusión sobre el escenario no entiende de edades ni de nacionalidades ni siquiera de sexos. Y eso que la magia ha sido y sigue siendo una disciplina ciertamente machista, porque no es fácil ver a magas sobre el escenario. Pero ayer fueron dos las que tomaron las tablas del Teatro Jovellanos en la noche mágica programada en vísperas de Reyes, lo que pone de manifiesto que las cosas cambian, algo que sabe muy bien el argentino Adolfo Andrés, que hace pareja artística precisamente con una mujer, Teresa, en el dúo Dream Makers, que practica -y así lo hizo ayer- lo que se denomina magia teatral. Consiste en contar una historia, como en el teatro, pero acompañarla de ilusión. Un ejemplo: si un actor en la escena convencional coge un cigarrillo, lo enciende y luego lo apaga, en la magia ese mismo cigarrillo aparece y desaparece sobre las tablas y se enciende y se apaga solo.

Es ésta uno de los múltiples tipos de magia que se pueden ver sobre los escenarios de todo el mundo. Hay dos grandes disciplinas genéricas: la magia de cerca y la de escena. La primera es la que se realiza con pequeños objetos, como cartas y monedas, y es quizá la que siempre ha tenido más predicamento en España, un país sin demasiada tradición mágica pero que en los últimos años empieza a encontrar su hueco en la rama de grandes espectáculos. Esa magia más cercana tiene a su vez un sinfín de formas diferentes (cartomagia, micromagia), lo mismo que sucede con las grandes ilusiones. Hay mentalistas, hay magia china, con animales, teatral, hay espectáculos para mimo.

Los mejores del mundo

Ayer, sin ir más lejos, en la noche mágica del Teatro Jovellanos, se pudieron ver disciplinas muy dispares. Eso trataban de conseguir los promotores de la gala, Eje Producciones, que todas las navidades busca a los mejores magos del mundo para organizar este tipo de espectáculos. De esta forma, se pudo disfrutar de la ilusión de las cartas, de los grandes aparatos, de la magia china que mezcla danza, ilusión, imagen y color, y hasta un mimo que transforma su cuerpo y su cara por arte de birle birloque.

Esos grandes números que ayer se pudieron ver en Gijón tienen, además de unos trucos que no se desvelan -«los magos nos pasamos la vida protegiendo el truco»-, grandes dosis de trabajo e investigación. La magia tiene su mundo, tiene sus festivales, tiene sus concursos, tiene sus grandes estrellas y tiene sus novedades. Es en Estados Unidos y Japón, países con una gran tradición y afición -que hace que la práctica de la magia sea algo doméstico, un hobby comparable a las cartas en España-, donde es más fácil ver lo último y a los mejores, porque allí existe un mercado más amplio y abierto. Por ejemplo, en esos lugares existen magos con contratos exclusivos con casinos y otro tipo de establecimientos, que hacen temporadas completas sobre el mismo escenario. No es tan común en España, aunque tal y como explica el mago Adolfo Andrés, nuestro país está ganando peso en el contexto mágico internacional. Cada vez se organizan más festivales y no es extraño que cada fin de semana, en algún rincón del país, se pueda ver un buen show. De hecho, ayer en Gijón y Madrid se concentraban las grandes estrellas mundiales del firmamento de la magia. Hay también, en Madrid y Barcelona, locales en los que se programa de forma exclusiva magia, y otros que lo hacen de forma esporádica. No se vive un mal momento, en opinión de Adolfo Andrés, que es más optimista sobre el nivel de España que los promotores del show que se pudo ver ayer, que advierten grandes diferencias entre la programación que se hace en España y otros países. Por cierto que en Europa es Alemania el país que está pisando más fuerte.

La magia que se ve aquí y allá tiene también un denominador común que no entiende de fronteras: el uso cada vez más común de las nuevas tecnologías para hacer realidad los sueños. «Estamos en la era de la magia electrónica, de la tecnología, eso es lo que está de moda», dice Adolfo Andrés, sabedor de que «un mando a distancia puede hacer milagros». Los mismos milagros que hacen los ipod y los ordenadores portátiles, presentes hoy en día en cualquier espectáculo que se precie. «Ahora hay una magia mucho más visual, mucho más multimedia, pero también esa tecnología se utiliza para lo que no se ve, aunque tú veas magia de toda la vida te puede llegar a servir para conseguir un efecto determinado», explica el mago argentino, de 40 años, que lleva veinte recorriendo el mundo y que comenzó a formarse con sólo diez años en el Centro Mágico Fumanchú de Buenos Aires.

De lo que se trata es de ilusionar ya sea de una manera o de otra. Por eso es fundamental cuidar todos los detalles sobre el escenario: «La única complicación técnica que tienen los espectáculos de magia es que es necesario que no se vea el truco», dice Miguel Roble, uno de los organizadores de la gala, quien asegura que es preciso jugar con las luces y las sombras para crear ese ambiente mágico, para hacer que los trucos permanezcan a buen recaudo bajo la manga de los magos. «¿Qué te cuente un truco? ¿Tú sabes guardar un secreto? Pues entonces nada, nunca conseguirás que un mago te cuente un efecto», afirma Adolfo Andrés. Explica que el espectáculo es como una película, en la que cuando el protagonista muere se llora sin pensar de dónde sale la sangre o cómo se hizo el disparo. «No se puede estar sacando conclusiones de cómo se ha hecho, hay que dejarse llevar y disfrutar». Eso pasó anoche.

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